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Cómo cuidar el turbo de tu coche: 5 vicios que tienes que eliminar ¡Evita averías!

 

-Arranca con calma y sin pisar el acelerador:
 Al arrancar siempre es recomendable esperar a que el motor coja algo de temperatura y que el turbo se lubrique bien. Tú deja que el aceite bañe todos los componentes, especialmente si el coche está frío. No es necesario que arranques 10 minutos antes de iniciar la marcha, simplemente con dejarlo al ralentí mientras te acomodas, puede ser suficiente, lo importante es que el sistema se lubrique y no se provoquen daños por rozamiento en zonas como el eje de la turbina. Por otra parte, no es bueno pisar el acelerador para arrancar, con ello únicamente consigues someter a algunas partes del motor a un mayor esfuerzo y sin lubricación, especialmente en el caso de los turbodiésel que cuentan con piezas más pesadas y la relación de compresión es mayor.

 

-Cuando llegues a tu destino, deja reposar el motor:

Si tienes un coche con turbo, es importante que dejes reposar el motor al ralentí durante unos segundos antes de apagarlo, especialmente si has conducido de manera agresiva y pegando acelerones, ya que a altas revoluciones el turbo se calienta en mayor medida. Dejarlo reposar permitirá que la turbina baje de revoluciones y que esta pueda enfriarse y lubricarse correctamente. El turbo cuenta con rodamientos para poder girar a altas velocidades que se lubrican con el propio aceite del motor. Si con el turbo muy caliente apagas el motor de golpe, este seguirá girando por la propia inercia pero sin lubricante, sufriendo con ello rozamientos que llevarán a un desgaste prematuro. Si quitas el contacto de golpe el aceite que queda en el interior del motor se carboniza por la alta temperatura de la turbina al detenerse la lubricación.

 

-El motor, en su régimen de revoluciones óptimo:
Una costumbre muy extendida en gran parte del mundo es conducir siempre en la marcha más larga posible para ahorrar combustible pero solicitando grandes aceleraciones en momentos puntuales. Este tipo de conducción afecta de manera especial a los propulsores turboalimentados, ya que provoca que el motor cree depósitos dentro del propulsor y cause averías porque los turbos no pueden alcanzar la presión de soplado que les hace funcionar de manera correcta. Si exigimos mucho al motor desde un régimen muy bajo las piezas estarán sometidas a mucha carga y sufrirán en exceso por el sobreesfuerzo. Lo mismo ocurre al llevar el coche pasado de vueltas. Realmente no tiene mucho sentido estirar un motor turbo más allá del régimen de potencia máxima, lleva tu coche en el régimen adecuado de revoluciones -donde los turbos estén en su zona cómoda- si quieres aprovechar al máximo el potencial del turbo y aumentar su ciclo de vida.

 

-El mantenimiento del coche, esencial:
Piensa que el aceite es la sangre de tu motor, es el componente que hace que el turbo y toda la mecánica funcionen de manera correcta, por lo que quizá no sea muy recomendable usar un aceite de baja calidad, los aceites de mayor calidad suelen ser los sintéticos, los cuales presentan además una mayor durabilidad en número de kilómetros. En algunas ocasiones la gente tampoco presta atención a los filtros. Estos son los encargados de evitar que las impurezas y residuos del aceite entren en la mecánica, por lo que no escatimes en gastos e intenta que también sean de alta calidad. Por último y, aunque esto es es común para todos los motores, no únicamente los turbo, nunca está de más comprobar el nivel de aceite en intervalos regulares. Puede que tu coche esté consumiendo más aceite del que debería y si te quedas sin lubricante el propulsor podría sufrir daños irreversibles y muy, muy caros. Además, siempre es recomendable que cumplas a rajatabla los períodos de revisión.  Es más, personalmente te recomendaría incluso que adelantes los intervalos de revisión ligeramente, en especial si eres de los que les gusta ir a fuego, ya que el aceite y los filtros es preferible llevarlos siempre en buen estado.

 

 

-Si vas a darle caña, que sea en caliente:
Antes de exigirle las máximas prestaciones al coche que tienes entre manos te recomiendo que dejes que el motor llegue a su temperatura de servicio, localizada entre los 80º y 90º (depende del motor y el modelo), así de paso estará todo bien lubricado. Para ello, lógicamente, los trayectos que realices han de ser medianamente largos. Si le intentas sacar el máximo provecho al propulsor a bajas temperaturas, no solo estarás consumiendo mayor cantidad de gasolina, sino que además el desgaste de las piezas es mayor, y el turbocompresor es el elemento que más sufre en este caso al tener que soportar los gases de escape con temperaturas de hasta 1.000ºC. En frío siempre es recomendable no subir de las 2.000 revoluciones por minuto y pisar con tacto el acelerador. Recuerda que al aceite no le gustan mucho los cambios bruscos de temperatura, ya que puede cristalizarse.

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